Cultura

El Bonsái, Arte vivo

Publicado el 15 de junio de 2013
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Hace casi 10 años vi un bonsái en una revista que me dejó impactado, en ese entonces yo estaba estudiando en Monterrey y me puse a investigar un poco sobre ese arte milenario, un par de meses después me enteré que iba a haber un curso en la ciudad y decidí inscribirme inmediatamente, desde entonces se convirtió en una pasión que me gustaría compartir con ustedes.

El bonsái es una técnica, no una planta, es una forma de arte que consiste en reducir el tamaño de árboles y plantas mediante el trasplante, la poda, el alambrado, etc. No a todas las plantas pequeñas las podemos llamar así, pero mayoría de las especies las podemos hacer bonsái siempre y cuando en perspectiva sea una representación realista de la naturaleza en miniatura. Es decir un mango o algún otro árbol de hoja grande no cumple con estas características ya que al reducir su tamaño la hoja queda demasiado grande en proporción a su tamaño.

Para mí es una forma de distraer mi mente y enfocarla en un solo elemento, en un ser vivo, brindándole lo que necesita para estar en su estado óptimo. Y si deciden hacerlo mientras repiten un mantra o alguna oración es una excelente forma de meditación, una manera de desestresarse mientras alimentamos el alma.

Probablemente muchos estén pensando que al hacer esto uno está dañando o torturando el árbol, sin embargo el bonsái bien cuidado es la planta que menos sufre, ya que siempre se encuentra en las condiciones óptimas para su sano desarrollo, siempre con la cantidad necesaria de sol, agua, nutrientes, etc.

En estado natural, pocos árboles pueden vivir tantos años como un bonsái. Las técnicas empleadas en estos son necesarias para que perdure. Todo árbol necesita ser podado, en la naturaleza los animales cumplen con esta función, en el caso de un bonsái la tarea la hace su dueño. El trasplante también es necesario para que la raíz se desarrolle y el árbol siga creciendo. Sin esto ningún árbol podría resistir tanto.

Si por primera vez van a adquirir un bonsái, les recomiendo que adquieran especies que son resistentes al calor y fáciles de cuidar. La buganvilia y el jade son buenas opciones ya que no necesitan tanta agua y aquí en Cd. Victoria con un clima que puede llegar a los 48 grados en el verano, un descuido puede ser mortal para la planta.

Hay que tomar en cuenta que estamos adquiriendo a un ser vivo, no un adorno. Conozco muchos casos de amigos que compran uno y se les muere al poco tiempo porque lo tenían adentro de sus casas arriba de una mesa o cerca de una ventana donde no le daba la cantidad de luz necesaria. El bonsái necesita principalmente sol y agua para vivir.

Muchas veces podemos encontrar que los venden en la calle, la mayoría de las veces son plantas muy jóvenes que no han sido trabajadas y las venden como bonsái por su tamaño, esto no quiere decir que sean falsos, esas plantas podrían llegar a ser bonsáis si uno los trabaja. Y con esto me refiero a darle la forma adecuada por medio del alambrado, la poda y el trasplante, una buena pieza se define por su edad y lo trabajado que esté.

Si les gustar el tema mi mejor consejo es siempre poner atención a todas las plantas y árboles que uno ve, puede ser que el mejor bonsái se encuentre en casa de sus abuelos.

En mi caso la mejor pieza que tengo es una buganvilia que me regaló el huracán Alex. Digo que me la regaló porque cuando pasó el huracán por Cd. Victoria en el 2010 tumbó muchos árboles. Uno de ellos cayó arriba de esta planta que se encontraba en un macetero de una casa del centro de la ciudad. La dueña de la casa le pidió a su jardinero que una vez que movieran el árbol caído quitara también las plantas del macetero que tenían muchos años ahí y ya se veían viejas, y que pusiera otras plantas en su lugar.

El jardinero al ver el macetero de concreto que media más o menos un metro de altura pensó que le iba a tomar mucho tiempo sacarla, sin embargo al introducir la pala en la tierra se dio cuenta que tenía escasos 40 centímetros de profundidad.

Gracias a Dios ese jardinero también era mi jardinero y como él sabía que me gustaban las plantas puso la buganvilia en una caja y la llevo a mi casa.

Nunca se me va a olvidar esa tarde que llegó y me dijo “oye, saqué una buganvilia de una casa, igual y te sirve. ¿Te la vendo?”, al verla no quise que notara la alegría y asombro que me causó, a lo que le respondí que me la dejara, a ver que podía hacer con ella. Nunca había ganado tanto.

Esta planta la estuvieron podando por más de 20 años, lo cual la mantuvo chaparra y su raíz no creció demasiado debido a la profundidad del macetero donde se encontraba, obviamente había mucho que hacerle, era un diamante en bruto y es de esos proyectos que no puedes esperar para darle la forma que deseas.

Después de aproximadamente 2 años alambrándola, reduciéndole la raíz para ponerla en una maceta adecuada, eliminando algunas ramas que no le favorecían y podándola para formarle una copa y adquiriera el aspecto de un árbol en miniatura, logré tener una de mis piezas favoritas que es la imagen que aparece en este artículo.

Para mí el bonsái, más que un árbol o una planta es una forma de expresión, un legado para mis descendientes, una herencia que me gustaría pasara en mi familia de generación en generación, es dejar parte de mí en una obra de arte que siempre está cambiando, una obra de arte que nunca deja de crecer. Más que un árbol o una planta es arte vivo.

Manuel Cavazos Guerrero

Comunicólogo de carrera, Gestor cultural de profesión, amante del arte, la gastronomía, la jardinería y el diseño. Promotor de la cultura como elemento de transformación social.

Orgulloso de ser Tamaulipeco, Matamorense de nacimiento pero Victorense de corazón.