Reflexiones Victorenses

Cómo pedir perdón (explicación vs justificación)

Publicado el 20 de noviembre de 2015

No crean que me estoy sordeando, les prometo que no pasa un día sin que piense en escribirles, aunque perfectamente entiendo que así parece. Y por ello, mi más sincera disculpa, otra vez. Sé que ya me había disculpado anteriormente por lo mismo (puedo remotamente imaginarme lo mal que se siente una persona recuperándose de alcoholismo cada vez que recae y va a su familia a pedirle perdón arrepentida). Este problema de los seres humanos… caer y caer y caer, a lo mismo.

En lo particular me cuesta bastante luchar contra la procrastinación. Pero eso es tema de otra reflexión, no se me vaya a ir el punto. Les estaba pidiendo disculpas. ¡DE VERDAD!, discúlpenme. Me voy a permitir explicarles mi situación actual, con la previa aclaración de que consciente estoy 100% de que no es justificación, ni quiero que lo sea.

Justificar, a mi me ha sonado siempre a no querer reconocer que una, al fin simple mortal de carne y hueso, pues la riega de vez en cuando. Querer justificar implica suponer que cuando nos hemos equivocado podemos simplemente hacer como que no pasó nada, y eso no es válido para quienes tal vez están contando con nosotros, para lo que sea. Y eso para mi es egoísmo, en su más pura expresión.

Explicar, por el otro lado, es reconocer que te has equivocado y compartir con quien tal vez ofendiste los motivos de tu equivocación, no para fingir que con explicar tus razones tu error desaparece, sino para compartir cómo estuvo la cosa, de modo que el o la ofendida puedan comprenderte, lo que ambas partes les puede facilitar pedir disculpas y disculpar, respectivamente. Y eso es empatía.

Pues bien, a fin de explicarte y sepas el motivo (no justificante) por el que no he escribo en los últimos días, te platico. Hace unas semanas tuve un cambio de área en mi trabajo y, lógicamente, como con todo cambio sucede vino un periodo de adaptación que me tuvo más ocupada y preocupada de lo habitual, pero afortunadamente ya en estos días puedo decir que me siento encarrilada. En cuanto al blog, como sabes, siempre estoy buscando cómo mejorarlo en todos los sentidos, eso implica diseño, contenido, estructura de varias cosas tecnológicas, etc, etc, total… no te lo alargaré, peeero estoy por presentarte en las próximas semanas un sitio completamente rediseñado y con varias sorpresas! (Esto no estaba pensando aquí pero ya me salió del alma así que lo dejaré). Estoy muyy emocionada de decirles que vienen cosas muy padres que por meses he estado imaginando y planeando para darles un mejor blog a ustedes que me hacen el honor de leerme, una mejor atención y en general poder servirles tal y como ustedes buscan ser atendidos. ¡Al final ese es todo el sentido de esta página! Pero bueno, no me adelanto, y eso lo dejamos pendiente para la próxima semana que les tenga más noticias.

Sigo con el punto. Junto con lo anterior, ya saben, el ajetreo diario laboral/familiar/maternal, y como en mi bella Ciudad Victoria ya llegó el friesito (léase un día frío y al siguiente calor, y así sucesivamente), encima he pasado los últimos 10 días checando que no se me pase darle medicinas a mi niño y cuidando que no le suba mucho la temperatura…

Pero no quiero aburrite con mis detalles, finalmente ninguno de ellos es justificación para descuidar mi blog, pero aún así quise compartirte por qué -malamente- lo hice. Lo importante aquí es cómo puedo ayudarte a conocer la mejor versión de ti mismo. Para eso vamos a pasar a tus detalles. Y ahí te va mi propuesta esta semana. ¿Qué aprendí de lo anterior?

PEDIR PERDÓN SIN JUSTIFICACIÓN, PERO CON EXPLICACIÓN.

Y hazlo sincérame, desde el corazón, o mejor ni lo hagas. Cuando se pide perdón “por fuerita”, o sea sin adentrarte en el sentimiento real que tiene que haber de por medio cuando una se siente genuinamente arrepentida, consciente de que lo pudo haber hecho mejor (ya sabes, el clásico “bueno, ya, perdón”), pues la verdad que ni para qué. No lo hagas.

No trates de justificarte porque, insisto, eso no es pedir perdón humildemente y por obvias razones no sólo no te van a perdonar, puedes empeorar las cosas. Ejemplo. “Sé que me equivoqué, pero ¿qué querías?, tú la vez pasada…ta ..ta .. ta. “. Neta, no hagas eso.

Si has de pedir perdón, hazlo con el corazón y sin excusas, explícate. Comparte qué estás o estuviste pensando al momento de equivocarte, ya sea que hayas hecho o dicho o dejado de hacer o dejado de decir algo; en lo que sea que te hayas equivocado, explícate. No para justificarte, no para hacer menos tu error, el sentido de explicarte es compartirte genuinamente, de modo que la otra persona pueda comprenderte y que entre los o las dos pueden dejar pasar lo pasado, y continuar adelante.

La verdad es que todos y todas sabemos que casi siempre tenemos opciones. Si la regamos es, la mayoría de las veces, porque escogemos hacerlo. Entonces, reconozcamos que los errores generalmente no son justificables, pero sí son explicables.

Pide perdón, explícate. Y sigue adelante. ¡Gracias por leerme! Y si te sirve, ¿comparte porfa?

Con cariño.

Marcia Benavides Villafranca

Nací y crecí en Ciudad Victoria. Creo que la familia es primero, que todo tiene una razón de ser, y me esfuerzo por encontrar siempre el lado positivo de las cosas.

De profesión, soy abogada egresada de la Universidad La Salle en esta ciudad. Por convicción, escribo con la misión de promover el desarrollo personal, la inteligencia emocional y el optimismo, bajo el lema que aprendí de mi abuelita, ¡siempre pa´delante!.

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