Reflexiones Victorenses

Octubre, otoño y mi cabello

Publicado el 05 de octubre de 2015

Estamos ya en pleno otoño, y un pensamiento asalta mi mente: soltar, perdonar, dejar ir, renovarme.

Para todos los seremos humanos resulta esencial de vez en cuando revisar lo que ya no nos sirve y deshacernos de ello: sean objetos, lugares, trabajos, proyectos o, tal vez, por feo que se lea, algunas relaciones. Y con frecuencia esto se nos olvida pero afortunadamente, podemos contar con la propia naturaleza, a través del otoño, para recordarnos cuando es tiempo de podar.

¿Por qué podar? Así pasa con los árboles, ¿qué no?

Tal vez puede resultar triste la imagen de podar esa planta, porque le quitas belleza o resplendor de pronto, sin embargo es necesario que cortes lo que ya no funciona, en orden de que el árbol o planta en cuestión pueda crecer más grande, más fuerte, más bella.

E incluso, a los árboles que nadie los poda, los poda la naturaleza, exacto, en el otoño; de un día a otro, simplemente, tiran sus hojas y pueden parecer un tanto tristes, pero sabemos la promesa: llegará una hermosa primavera, y renacerán.

Y LA NATURALEZA ES SABIA. NADA ES CASUALIDAD.

¿Qué mejor momento que llevar el cambio o transformación que tú has estado pensando o sabes que necesitas desesperadamente, de la mano y al ritmo de la naturaleza? No se me puede ocurrir uno mejor.

Tal vez necesitas finalmente dejar ir esos sentimientos de rencor. Quizá sea prudente que “podes” de tu vida esa amistad o noviazgo que ya no aporta nada positivo, y que incluso alomejor te perjudica.

Sólo haciendo espacio para nuevas cosas en tu vida, pueden éstas llegar.

Y no va a ser necesariamente fácil, pero valdrá la pena. Todo cambio, todo abandono o recorte, implica un esfuerzo y un periodo de adaptación. Abraza ese sentimiento y decide disfrutarlo, poco a poco.

Un ejemplo burdo (que tal vez ya viste si me sigues en Instagram o Facebook). Me acabo de cortar el pelo, nunca en mis 27 años creo haberlo usado tan pequeño, y aunque me tomó meses aceptarlo y decidirlo, la verdad es que era innegable: todo el tiempo traía el pelo hecho nudos y las puntas estaban muy maltratadas. Le urgía el corte pero yo me rehusaba, aparte mi esposo siempre me ha dicho que le gusta más largo, y a mi también me encantaba mi cabello largo, y eso hasta cierto punto me detenía, pero llega un momento en que no puedes escuchar a nadie más que a tu corazón y sencillamente hacer lo que tú sientes que está bien y que necesitas hacer, incluso si es tu esposo(a), tu novio(a) o tu mamá quien te dice que no lo hagas… seguro, extrañaré mi chongo largo y grande y la enorme “cebolla” que podía hacerme sin necesidad de relleno.

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Pero, ¡me sentí FELIZZ al momento que me lo corté! Me sentí renovada y hasta libre. Necesitaba un cambio. Y al final, el cabello crece. ¡E igual lo hacemos nosotros, cuando dejamos ir todo eso que no nos sirve ni nos hace ser mejores personas!

Así que hoy, con todo el corazón te invito a que te decidas, y esta temporada de otoño te permitas a ti mismo(a) experimentar una especie de renovación, o cambio si la palabra renovación suena muy intensa. Puedes empezar por algo chiquito pero significativo como cortarte el pelo o cambiar de look, hacer limpieza en tu casa y regalar lo que ya no ocupas, o simplemente borrandos todos los mails viejos que jamás volverás a necesitar. Es más, si aplica a tus necesidades ¿por qué no hacer un correo electrónico nuevo y empezar desde cero?

Son sólo unas ideas muy básicas, pero el mensaje para tu cerebro, y sobre todo para tu corazón, es muy poderoso: estás listo, estás lista, para algo mejor. Y abrazas el cambio, y recibes todas las bendiciones que te mereces y que vienen en tu camino.

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Esta es tu vida y la vida no admite segundas oportunidades, hay que hacerlo bien a la primera.

Práctica: esta semana, haz un pequeño cambio o acción en tu vida, “poda” todo eso que ya no necesitas, de tu persona, de tu casa, o de tu oficina. Y permite que fluya lo demás.

Te mando un abrazo, y te deseo la mejor semana! Con cariño.

Marcia Benavides Villafranca

Nací y crecí en Ciudad Victoria. Creo que la familia es primero, que todo tiene una razón de ser, y me esfuerzo por encontrar siempre el lado positivo de las cosas.

De profesión, soy abogada egresada de la Universidad La Salle en esta ciudad. Por convicción, escribo con la misión de promover el desarrollo personal, la inteligencia emocional y el optimismo, bajo el lema que aprendí de mi abuelita, ¡siempre pa´delante!.

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