Reflexiones Victorenses

¿Perdonas pero no olvidas?

Publicado el 22 de septiembre de 2014

Una vez una amiga me dijo ” –Yo perdono, pero no olvido ”. Lógico, pensé yo, ni que tuvieras alzheimer.

Cuando alguien nos ofende con sus palabras o actitudes lo registramos perfectamente, no tanto por lo que nos hayan dicho sino por cómo nos sentimos al respecto; tristes, enojados, decepcionados, y la lista es interminable. Las cosas que nos provocan sentimientos tan fuertes (buenas o malas), no las olvidamos automáticamente.

En medio de esas emociones, lo que sí olvidamos es que cuando no queremos superar una ofensa, lejos de afectar a quien (según nosotros) la causó, nos estamos perjudicando a nosotros mismos, envenenándonos con pensamientos negativos como rencor, coraje y al final pura amargura, lo que poco a poco va matando las buenas emociones en nosotros, impidiéndonos amar y apreciar todo lo bueno a nuestro alrededor.

Muchas veces, no queremos perdonar porque pensamos que perdón es sinónimo de debilidad, y lo cierto es que no hay nada más alejado de la realidad. Perdonar es signo de fortaleza, de humildad; perdonar es reconocer que como seres humanos, nadie estamos exentos de equivocarnos y poder lastimar a alguien más, consciente o inconscientemente.

Perdonar, según el diccionario Larousse de la lengua española, significa literalmente “No tener en cuenta la falta que otro comete.” Perdonar una ofensa, por tanto, no significa aceptarla ni consentirla y ciertamente no quiere decir que la olvides, insisto, porque sencillamente tendrías que estar enfermo para borrar tu memoria. Perdonar tampoco significa reconciliarse.

Perdonar significa que, a pesar del posible dolor que implica un abuso, burla, grosería, maltrato o lo que sea que te hayan hecho (o crees que te hicieron), decides ya no tomar en cuenta la ofensa, decides liberar tu alma del peso que supone ir día a día cargando reproches y decides continuar tu vida en paz. Hay gente que se toma años para perdonar un error, ¿te imaginas el desgaste emocional, la amargura, la oscuridad de un alma con años de resentimiento? Dicen los que saben que incluso de esos sentimientos negativos que, ojo, tenemos poder de decidir, provienen las enfermedades físicas.

Ni el tiempo ni las palabras se pueden regresar por más que queramos, por tanto no importa si tu agresor se arrepiente y te pide perdón mil veces; no puede deshacer lo que hizo. Pero tú si puedes decidir vivir mejor, vivir en paz. Puedes perdonar incluso si quien te hirió no se ha arrepentido, pues eres consciente de que mereces ser feliz. Sólo cierra tus ojos, pon tu mano en tu corazón, piensa en aquello que te hace daño, respira, y déjalo ir. Decide perdonar. Y pa´delante.

Marcia Benavides Villafranca

Nací y crecí en Ciudad Victoria. Creo que la familia es primero, que todo tiene una razón de ser, y me esfuerzo por encontrar siempre el lado positivo de las cosas.

De profesión, soy abogada egresada de la Universidad La Salle en esta ciudad. Por convicción, escribo con la misión de promover el desarrollo personal, la inteligencia emocional y el optimismo, bajo el lema que aprendí de mi abuelita, ¡siempre pa´delante!.

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