Reflexiones Victorenses

¡Por favor, deja de quejarte mujer!

Publicado el 20 de marzo de 2014
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– Somos iguales, los dos trabajamos, es más, yo gano más que él. -Mi esposo levanta un plato y quiere que le aplauda. -Yo también trabajo, me encargo de los niños y además quiere que recoja la casa. ¿qué le pasa?

Comúnmente escucho este tipo de comentarios de mujeres infelices, tristes, indignadas, cansadas; muchas mujeres que hemos olvidado nuestra misión más importante en la vida y que, al hundirnos en quejas, hemos perdido dignidad.

Me conmueve y me llena de tristeza cuando escucho a una mujer quejarse y hablar mal de su esposo porque él no la valora. Es cierto que muchos hombres no aprecian a sus esposas, pero creo que somos más las mujeres que no nos valoramos a nosotras mismas.

Una mujer que ha escogido la vida matrimonial y se valora, es feliz, es plena y se siente realizada, haciendo o no labores del hogar. Y si por decisión propia además trabaja fuera de su casa, lo hace con gusto, colabora a la economía familiar y se siente satisfecha, no aprovechando el éxito profesional para “cantárselo” al marido y compararse con él. Una mujer segura de sí misma y con el autoestima en alto, es consciente de que la familia es la empresa más importante que tiene, y el trabajo doméstico no le pesa porque lo hace con amor, porque sabe que al matrimonio se va a servir. Después de todo, los líderes más influyentes de la historia nos han enseñado que la base del liderazgo es el servicio; Jesús, Gandhi, la Madre Teresa, por poner algunos ejemplos.

Me gusta resumir la importancia del papel de la mujer con la siguiente fórmula:

Mujer inteligente -> Hombre feliz -> Familia unida -> Mejor sociedad

¡Es así de importante!, y lo hemos olvidado. Los divorcios se han disparado por mil razones, una de ellas es la salida de la mujer del hogar sin moderación. Y lo escribe una mujer casada que trabaja fuera de casa, pues quiero dejar claro que no digo que esté mal que trabajemos, al contrario, lo defiendo; pienso, sin embargo, que a veces se nos olvida qué es lo más importante, confundimos prioridades. No es problema desarrollarnos fuera de la casa, problema es querer crecer profesionalmente al mismo ritmo que nuestros esposos y dejar en segundo plano nuestra labor de esposas y madres; tarde o temprano se va a romper el núcleo familiar, o vamos a ser infelices, o los hijos van a crecer con la empleada doméstica y la televisión, o con los abuelos. Y me pregunto, ¿si no los vamos a educar nosotros, entonces para que tenemos hijos?

¿Podemos administrar y limpiar una casa, ser las mejores esposas, educar a los hijos y crecer profesionalmente, darnos tiempo para hacer ejercicio y convivir con las amigas y la familia? Absolutamente sí. Todo esto lo podemos con inteligencia, astucia y, sobre todo, amor. La clave es encontrar el equilibrio y el entendimiento de nuestra vocación al matrimonio, reconociendo que ningún éxito compensa el fracaso en la familia. Y, desde luego, con el diálogo con el esposo que todo esto supone.

Abracemos nuestra grandísima responsabilidad de mujeres y comprendamos que, si bien es enorme, viene acompañada con infinita fuerza. La mujer es invencible por naturaleza.

El punto aquí es, si aspiramos a ser ese nivel de mujer, la que es multifacética y además se mantiene guapa, femenina, con gracia y sabe ser prudente, por favor, hay que dejar de quejarnos. No podemos convertirnos en una versión de wonder woman si gastamos nuestra preciosa energía en quejas y reclamos.

Asumamos dignas nuestro papel en el matrimonio y en la familia, a la vez que compartimos a la sociedad nuestras habilidades profesionales, técnicas o en los negocios. Sirvamos con amor. Démosle oportunidad a los hombres y a los hijos de valorarnos. No esperemos a que nos den nuestro lugar, antes bien, demostremos gloriosas que lo tenemos.

#siemprepadelante

Marcia Benavides Villafranca

Nací y crecí en Ciudad Victoria. Creo que la familia es primero, que todo tiene una razón de ser, y me esfuerzo por encontrar siempre el lado positivo de las cosas.

De profesión, soy abogada egresada de la Universidad La Salle en esta ciudad. Por convicción, escribo con la misión de promover el desarrollo personal, la inteligencia emocional y el optimismo, bajo el lema que aprendí de mi abuelita, ¡siempre pa´delante!.

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