Reflexiones Victorenses

¿Por qué cambia todo cuando te casas? (Segunda Parte)

Publicado el 07 de septiembre de 2015

Hace algunas semanas comentábamos cómo “todo cambia” cuando nos casamos, y como muchas personas casados, hombres y mujeres, suelen decir a chavos o chavas que se van a casar comentarios nada inspiradores, por el contrario, cínicos-agüitantes, que lejos de animar al matrimonio, muchas veces orillan a pensar que el matrimonio condena a que cambie todo lo divertido del noviazgo. Y es lamentable.

Paréntesis: (si no leíste la primera parte, ve y chécala para que te haga más sentido la reflexión de hoy).

Pues bueno, he continuado meditando el tema, y después de varias pláticas con algunos matrimonios amigos, he caído en cuenta de que cuando escribí esa primera parte, para empezar partí de una concepción errónea. Traté de “justificar” el cambio que innegablemente sucede cuando el noviazgo se convierte en matrimonio.

** No seas flojo(a), ve y lee la primera parte.

Me di cuenta, de que me faltó mucho para explicar realmente el sentido de este cambio que experimentamos. Y es que, al arrancar de esa equivocada idea, olvidé que lo que habría en todo caso que explicar, no es por qué cambian, sino que no cambiaran las cosas, cuando ya te casaste. O sea, lo normal es que cambien, no al revés.

LAS COSAS VAN A CAMBIAR PORQUE ESTÁS ASUMIENDO EL CAMBIO MÁS IMPORTANTE DE TU VIDA

Fíjate, del noviazgo al matrimonio hay un cambio a fuerzori, así como lo hubo también del ser soltero(a) a tener novio(a). Así como cuando te conviertes en el novio o la novia de alguien, ya no es prudente o conveniente que “estés hablando” (léase whatsappeando, inboxeando, etc), con otras personas del sexo opuesto; de igual modo, cuando te casas, ya no encaja con tu nuevo rol que tengas actitudes propias del noviazgo o de la soltería: que llegues a tu casa a la hora que se te dé la gana o que tengas un “mejor amigo” o “mejor amiga” distinto a tu esposo(a) y le platiques intimidades de tu vida, por mencionar dos ejemplos.

Quiero aclarar que nunca te voy a decir que una actitud esté bien o mal, porque todo es relativo y subjetivo; lo que para mí puede ser malo para el matrimonio, para ti puede ser muy equis. Pero ojo, tampoco podemos caer en el relativismo total, porque caeríamos en el extremo de negar que hay principios básicos y naturales en las relaciones humanas, particularmente en la vida de casados. Y de que los hay, lo hay.

De modo que, pongamos otro ejemplo, si te casas, pero quieres mantener el ritmo social de tener con tus amigos y/o amigas, lunesitos, martesitos, miercolitos y juevesitos, sin tu pareja, no, no necesariamente estés mal, pero sí van a ser más las probabilidades de que, tarde o temprano, dejes de tener temas de conversación común con tu pareja. Posiblemente te vas a llevar más con el amigo de tu oficina con el que además de pasar toda la mañana a diario, te vas de drinks todos los viernes. ¿Me explico por dónde voy?

Necesitamos comprender que la mujer o el hombre casados, que no ajustan su pensamiento, actitud y comportamiento a la altura que requiere el matrimonio, están en lo que podemos llamar “el síndrome del soltero-casado, o la soltera-casada”.

El soltero-casado o soltera-casada, es quien no está dispuesto a renunciar a compromisos sociales a los que antes de casarse nunca faltaba, es quien piensa que no tiene por qué dar explicaciones a su hombre/mujer de lo que hace consu dinero, es quien pone los planes profesionales por encima del interés familiar, es quien escucha más a sus papás que a su esposo(a)**… sabes por dónde voy.

** Pérame, no te asotes, estoy tratando de explicar lo más claro y práctico posible lo mínimo que requiere el matrimonio para empezar por bueno camino.

No estoy sugiriendo que le tengas que pedir permiso al hubby o a la wifey para salir a cenar solo(a) con tus amigos, de ningún modo pienso que el casarte implique dejar de lado tus aspiraciones personales y profesionales, no estoy diciendo nada que vaya en contra de que mantengas tu esencia, tus propios sueños y metas.

Estoy diciendo que el matrimonio es un grandísimo compromiso, que va a requerir que cedas algunas cosas por tener muchas otras, que vas a tener que negociar, que hay que tomar acuerdos, que tienes que estar abierto a platicar y compartir.

Las personas siempre tendremos decisiones personales, y de pareja. Voy a poner un ejemplo drástico, pero para explicar el punto. Supongamos que un día quieres invitar a tus papás a comer, ellos y tú solos para platicar equis cosa. Y tú pagas. No pasa nada. Ahora, si quieres regalarle un carro nuevo a tu mamá, probablemente sería bueno que lo comentes primero con tu hombre/mujer, es un gasto fuerte para la inmensa mayoría de los matrimonios.

Para eso te casas. Para compartir tu vida. Tus decisiones. Tus planes. Tus sueños.

Ahora, lógicamente, así como hay millones de matrimonios en el mundo habrá millones de acuerdos distintos, algunas parejas no coincidirán con otras en diversas maneras de llevar la vida social, profesional, familiar o económica en el matrimonio, pero lo importante es que haya acuerdos, que haya comunicación, y que se respeten mutuamente. Y que a ti y a tu esposo(a) les funcionen.

De lo que no hay duda, es que las cosas van a cambiar cuando te cases, y es que en realidad deberías preguntarte: si no quiero que evolucione, si no quiero que cambie mi relación, ¿para qué quiero casarme?

En general, creo que todo está en el chip mental que traigas. El cambio no es malo, tenemos que dejar de asociar el cambio a lo negativo. Sin cambio, no hay crecimiento. Y ese cambio no te mortificará, y no serás de los que hablan mal del matrimonio, sino por el contrario, serás de los que pueden decirle a otros chavos y chavas que el matrimonio es lo mejor que te ha pasado, si te casas por los motivos correctos, con la mentalidad correcta.

Ahora, me encantaría saber ¿qué piensas tú sobre todo esto? ¿Qué les ha funcionado a ustedes como pareja? ¿Cuánto tienes de casado(a), tal vez tienes algún tip que compartir?

Como siempre, gracias por leerme y compartir! un abrazo con cariño.

Marcia Benavides Villafranca

Nací y crecí en Ciudad Victoria. Creo que la familia es primero, que todo tiene una razón de ser, y me esfuerzo por encontrar siempre el lado positivo de las cosas.

De profesión, soy abogada egresada de la Universidad La Salle en esta ciudad. Por convicción, escribo con la misión de promover el desarrollo personal, la inteligencia emocional y el optimismo, bajo el lema que aprendí de mi abuelita, ¡siempre pa´delante!.

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