Cultura del Vino

Los Vinos Rosados

Publicado el 15 de octubre de 2013
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Los vinos rosados o rosés, comparten la misma acidez que se lleva bien con la comida que va con los blancos frescos. Así como los sabores a moras y cerezas de los tintos jugosos. Estando en la parte suave de la gama de cuerpo de los vinos, pueden variar sustanciosamente dentro de esa gama; algunos son vigorosos y frescos mientras que otros son rico y densos. Por tener las cualidades tanto de vinos blancos como de vinos tintos, se maridan bien con diferentes platillos.

Atributos de los vinos rosados

Los rosés empiezan igual que los vinos tintos, excepto por el hecho de que el mosto (jugo de uva) que se fermenta se deja en contacto con las cáscaras de uva durante un periodo de tiempo mucho más corto que un vino completamente tinto. Este proceso permite que se extraiga algo de color de las cáscaras, pero tan poco tanino, que se asocia con los vinos tintos hechos con las mismas uvas.

Los vinos rosados son frutales en su totalidad por lo que es recomendable beberlos cuando aún son jóvenes (los sabores frutales se disipan conforme se añeja el vino). Los rosés de cuerpo ligero se añejan en tanques de acero inoxidable, lo cual protege sus fuertes sabores a fruta. Los rosés de cuerpo más denso a veces se añejan en toneles de roble neutro, lo que le da al vino cuerpo y estructura aunque no tanto sabor.

Los rosés son vinos de mesa omnipresentes en el sur de Europa, donde se maridan sin esfuerzo con los platillos de la región, tales como la pissaladière, paella o estofado de pescado mediterráneo. Es normal ver más vinos rosados durante el verano que durante el invierno, y se sirven bien fríos para realzar sus cualidades refrescantes. Al igual que los blancos frescos, una vigorosa acidez es a los rosados lo que unas gotas de limón es a la comida: el elemento que resalta los sabores de los platillos.

Los rosados también pueden hacerle frente a ingredientes agrios o saldos (tales como las alcaparras, los pepinillos y los aderezos de ensaladas) o a platillos de muchas especias (tales como la cocina mexicana o marroquí) que le darían batalla a los vinos menos ácidos. Los vinos rosados son maravillosos cuando se maridan con carnes frías o patés ya que su acidez corta la riqueza de la comida.

Vista

Los rosados se encuentran en una serie de brillantes colores, desde el salmón claro hasta el rosa oscuro. El tono lo dicta tanto el color de las cáscaras de uva como el tiempo que éstas se quedan en contacto con el vino. Un color claro no significa necesariamente que es un vino de mala calidad.

Jóvenes y ligeros, los rosés se verán delgados dentro de la copa. Las piernas no dejarán marcas muy notables y desaparecerán con rapidez. Si usted está catando un rosé espumoso, no tiene la necesidad de hacerlo girar. Busque un hilo constante de burbujas, de preferencia pequeñas.

Olfato

Cuando huela un vino rosado, la fruta roja, ya sean cerezas o moras, será el primer aroma que detecte. Los olores a cítricos, a flores recién cortadas y a piedras, también son típicos de estos vinos.

Gusto

Al igual que un blanco fresco, un sorbo de vino rosado revelará una vigorosa acidez. Sin embargo, en este caso se encuentran sabores subyacentes a cerezas y moras. Un rosé más oscuro puede llegar a ser más astringente que uno claro, ya que ha estado en contacto con las cáscaras de uva durante un periodo más largo de tiempo. Sin importar el estilo, un buen rosé será seco, el cual puede ser más oscuro debido al intenso carácter afrutado del vino.

Armonización

Son versátiles y los hay más suaves que van de maravilla con ensaladas, pastas y platillos no muy complejos. Los que poseen más estructura pueden acompañar muy bien la comida mediterránea y la mexicana. Además por su acidez van con carnes frías, patés o lechón.

Temperatura de servicio

Siempre se beben muy fríos entre los 6° y 8° C.

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