Acá por la Sierra Madre

Bergoglio y procesos electorales

Publicado el 01 de abril de 2016

La historia de nuestro país como nación independiente está cimentada en la participación política de la iglesia católica y, se nos ha dicho, sus líderes cumplieron un papel heroico para darnos patria. En forma ambivalente, se vanagloria a los próceres que enarbolaron la separación de la iglesia y el Estado, artífices del principio de laicidad que rige a la actividad pública.

Sin embargo, es notable que esta separación es meramente de papel. Desde la intervención directa de ciertos líderes en el movimiento zapatista de 1994 hasta la creación de un partido político eminentemente de culto religioso, la participación abierta de líderes en los asuntos públicos del país es innegable. Aun así, se hacen esfuerzos a nivel jurisdiccional para defender a la República laica.

En este sentido, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ha interpretado el marco constitucional y legal que rige la actividad religiosa bajo los siguientes criterios: Nadie puede utilizar los actos públicos de expresión de libertad religiosa con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política; Existe un principio histórico de la separación del Estado y las iglesias, por lo que éstas se deben sujetar a la normativa correspondiente; las autoridades no deben intervenir en la vida interna de las asociaciones religiosas; Los ministros no se pueden asociar con fines políticos ni hacer proselitismo a favor o en contra de candidato, partido político o asociación política alguna; durante las campañas electorales los candidatos se deben abstener de utilizar símbolos, signos o motivos religiosos.

Especialmente, durante las campañas electorales, estas prohibiciones tienen como objetivo impedir que algún partido político o candidato, pueda llegar a coaccionar moral o espiritualmente a los ciudadanos, para que voten por él, y de garantizar la libertad de conciencia de los participantes en el procedimiento electoral y su desacato constituye una infracción de carácter grave.

Así, la Sala Superior del TEPJF ha anulado elecciones en donde los candidatos han hecho uso de las instituciones religiosas para posicionarse ante el electorado, ya sea a través de misas, oraciones o intervención de líderes para pedir el voto a favor de determinado personaje.

La libertad religiosa implica la aceptación de cualquier culto como la posibilidad de ganar adeptos y creyentes más no para la intervención directa en política y en los asuntos públicos, pues es ahí donde debe buscarse la neutralidad de cualquier aspirante a gobernar una comunidad.

A OJO DE BUEN CUBERO

Les comparto un artículo de su servidor publicado en la revista “Estudios en Derecho a la Información” que edita el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM: http://www2.juridicas.unam.mx/2016/02/26/suspension-de-propaganda-gubernamental-y-derecho-de-acceso-a-la-informacion-publica-hacia-un-punto-de-equilibrio-en-mexico/

Adalberto Guevara Montemayor

Abogado y autor de la columna “Acá por la sierra madre” que se publica en Epicentro y Sondeo, leo muy poco para lo que me gusta, izquierda moderada, pambolero, agricultor frustrado, litigante en reposo, activista de las causas que me mueven. Que viva Ciudad Victoria y que viva Tamaulipas con sus alegres huapangos y sus mujeres bonitas.