Opinión Del Experto Nacional

ARROGANCIA EN LA 4T

Publicado el 29 de junio de 2019

 

Arrogancia en la 4T

Por Ricardo Alexander M.

Nadie puede negar el hecho de que el ahora presidente; Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones de hace un año, ganó con los votos de 30 millones de mexicanos, que constituyen el 53% de los ciudadanos que acudieron a las urnas, lo que le otorgó bastante legitimidad. Sin embargo, ello no es excusa para que los miembros de su administración actúen de manera arbitraria, fuera de la ley y derrochando arrogancia, lo que han reflejado en diversos ámbitos.

Empezando con la autoproclamada “calidad moral” por la que se colocan en un pedestal en donde prácticamente sus actos no son susceptibles de error y la ley pasa a ser un tema supeditado a su concepto subjetivo de justicia, resulta preocupante la visión entre “buenos” y “malos”, “conservadores” y “liberales”, y “fifís” y “pueblo bueno”, que se impone desde el lenguaje oficial.

Esa arrogancia de muchos de los miembros de la también autoproclamada Cuarta Transformación —antes de que la juzgue la historia— ha derivado en la toma de decisiones precipitadas sin estar basadas en diagnósticos bien hechos, por lo que no hay semana que los nuevos funcionaros federales no generen una crisis.

La cancelación de importación de hidrocarburos en diciembre pasado derivó en desabasto de gasolina en todo el país, con pérdidas millonarias que ya se reflejan en la economía. En turismo, al eliminar el Consejo de Promoción Turística de México, los números de ingreso de extranjeros —legales— han caído, así como dicha actividad. La inexperiencia de llevar a cabo cambios importantes sin planeación en las licitaciones sobre medicinas del sector salud está por generar una crisis de desabasto en los hospitales públicos. En migración y relaciones internacionales, ya vimos el desastre que ha ocurrido después de que Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, dijera que el tema había quedado resuelto en cinco días.

Y en seguridad, probablemente el problema más grave que tiene el país, derivado de no escuchar a los expertos y tomar decisiones precipitadas, como el desmantelamiento de la Policía Federal, hemos tenido el peor periodo de violencia en la historia, con 17 mil 500 homicidios en el último semestre.

Existen muchos más ejemplos, sin embargo, uno que resalta por lo preocupante del caso, es la posición que ha tomado el gobierno frente a los organismos constitucionales autónomos, como es la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a la que ha desdeñado constantemente. Primero, al no acudir el Presidente a recibir su informe de laborales, situación que no se había dado en 29 años, y segundo, al rechazar una recomendación, como sucedió hace un par de días en torno a las estancias infantiles, la primera realizada sobre hechos de la administración actual. El mensaje es muy fuerte: oídos sordos a las recomendaciones, si así conviene a sus intereses, o mientras no haya un ombudsman a modo.

Y mientras todo esto ocurre, nuestras autoridades siguen proclamando su supuesta superioridad moral e intelectual.

Nadie duda que la presente administración federal pueda dar muy buenos resultados y convertirse en una real transformación del país —la cuarta—, pero para eso, sus funcionarios deben empezar a trabajar con más cucharadas de humildad que de arrogancia.

Ricardo Alexander

Maestro en administración pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana. Colaborador en Excelsior. Twitter: @ralexandermp