Política

Campañas resolutivas

Publicado el 11 de mayo de 2015

Cuando un individuo aspira a ocupar un puesto en el ámbito privado y es recibido para someterse a una entrevista de trabajo, es común que le realicen un sinfín de preguntas relacionadas con la vacante, entre muchas cuestiones podemos encontrar: ¿Conoce usted nuestra empresa? ¿Qué trabajos ha realizado con respecto a nuestro negocio? etc. Para una empresa privada, en el mayor de los casos el objetivo principal es generar ingresos, ya sea incrementando las ganancias con estrategias de ahorro, optimización del tiempo y los espacios, entre otros. Es debido a esto que los contratantes prestan mayor atención a la experiencia, y son seducidos por las propuestas del aspirante cuando están estructuradas en base a las condiciones en las que se encuentra la empresa en esos momentos, tomando en cuenta factores: económicos, políticos, tecnológicos, medioambientales, socioculturales y de mercado. En pocas palabras: “Propuestas resolutivas”.

Si bien el objetivo de los gobiernos no es incrementar los ingresos del Estado (al menos no su principal finalidad), sino conceder las condiciones óptimas para que los ciudadanos puedan desarrollar una vida digna y feliz, los contratantes (en ésta ocasión los electores) cada vez son más conscientes de las características que deben de presentar los servidores públicos, representantes y candidatos políticos. También, conocen las deficiencias de sus gobiernos y no temen expresarlo en los nuevos medios de comunicación.

Este nuevo elector racional ha desarrollado la capacidad de desestructurar el mensaje y las propuestas emitidas en las campañas y lo analiza a profundidad, parecido a como lo hiciere el dueño de una empresa. Ellos saben que están por encima de cualquier gobierno o que al menos es así como debe de ser. Es cada día más exigente con la rendición de cuentas y la trasparencia de las finanzas públicas. Repudia las prácticas monopólicas, el nepotismo, el sistema de cooptación y el clientelismo.

Este nicho electoral se comporta como si fuese inmune a clásico sistema del desarrollo de las contiendas electorales. Se realiza una investigación (muchas veces deficiente), se seleccionan los temas de campaña y en base a ellos se forma el mensaje rector, las propuestas, el slogan, el logotipo y los medios de comunicación, éstos se fuerzan para incorporarlos a la imagen candidato, el cual pierde naturalidad y credibilidad. Después se limitan a multiplicar el mensaje cuantas veces pueda ser posible, como si la sociedad fuera homogénea. Cada vez más monótonas, carentes de dinamismo, creatividad y sobre todo de “propuestas resolutivas”.

De manera más concreta, si vamos a realizar una campaña para contender por una diputación federal, no nos limitemos a plantear las propuestas y los ejes sobre determinados temas. Presentemos de manera sucinta el borrador de alguna ley, en base a la necesidad que tenga la comunidad sobre un tema en específico.

De igual manera si se compite por una posición ejecutiva. Normalmente se tiene una idea del presupuesto con el que cuentan los gobiernos en los tres niveles, y sobre estos datos donde se debe de empatar el “qué” con el “cómo”.

Esta situación no es privativa de las campañas ni de un partido en particular, pero sí se hereda a los gobiernos de los candidatos ganadores. Los planes de desarrollo emanan de las propuestas, éstos son divididos en ejes, los cuales de manera utópica parecieran aglomerar todas las problemáticas de los municipios, estados o país, lo cual genera expectativas muy altas dentro de los ciudadanos y electores, y esto, evoluciona a un considerable descontento y frustración, incluso si el ejercicio de gobierno fue bueno.

Los ciudadanos racionales no temen la adversidad coyuntural actual, saben que existen las condiciones necesarias dentro del país para salir avante, su temor radica en una política repetitiva, que pareciera tener identificado las problemáticas que nos impiden avanzar, sin embargo, la percepción general es la morosidad para realizar acciones resolutivas como si éstas atentaran contra sus propios intereses.

En estos días electorales hemos sido testigos de un sin número de campañas, ninguna (salvo alguna honrosa excepción) se ha tomado el riesgo de presentarse de manera creativa, rompiendo paradigmas. El candidato es el pilar de la campaña y la razón de la misma, empero, los índices de popularidad de los actores políticos muestran índices muy bajos, siendo evidente el hastío del protagonismo con el que se presentan. Lo tenemos claro, la solución no radica en una persona en particular.

No se visualiza lejano el futuro donde las campañas electorales de éxito serán aquellas de donde emanen gobiernos de resultados y viceversa, y donde las contiendas electorales no disputen qué candidato tiene virtudes como la honestidad, credibilidad, capacidad, seriedad, transparencia, integridad, etcétera, las cuales deben de ser intrínsecos en cualquier persona que alegue tener “vocación de servicio público”, sino quien presente el mejor proyecto de desarrollo para la sociedad y en su ejercicio presente resultados palpables y sustanciales.

Sandro Cappello Collado

Sandro Cappello es Director de Investigación Político Sociales en Consultores y Asociados ESTATAM, con presencia en el noreste de México. Además es docente a nivel Maestría. Orgullosamente oriundo de Cd. Victoria, Tamaulipas.