El Filosofo de Güémez

Humildad

Publicado el 08 de febrero de 2017
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Cuenta una antigua historia que “Cierto día un sastre visitó a un viejo sabio diciéndole:
— “Con los años he ganado una buena reputación por la calidad de mi trabajo. Los nobles de los alrededores, me confían sus trajes y los vestidos de su familia. HOY he recibido el encargo más importante de mi vida.
El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un traje con la seda más fina. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme:
— ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser?
Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta y peor aún, mi reputación ha sido destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto! ¡No entiendo qué sucedió… es el mejor trabajo que hice en años!
—Vuelve a tu taller, –dijo el sabio–, descose una a una las puntadas de la prenda y cóselas exactamente como lo habías hecho antes. Luego llévala al príncipe.
— ¡Pero –protestó el sastre– obtendré el mismo traje! Además mi estado de ánimo está por el suelo.
— Haz lo que te indico, y DIOS te ayudará, –dijo el hombre.
Dos semanas después, lleno de entusiasmo el sastre retornó.
— ¡Ha salvado mi vida! Cuando le presenté nuevamente el traje, el rostro del príncipe se iluminó: ‘¡Es el más hermoso y delicado traje que haya visto!’ Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Pero… ¿cuál es la diferencia entre el primer traje y el segundo?
— El primer traje, –explicó–, fue cosido con arrogancia y orgullo. El resultado fue una vestimenta que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza porque espiritualmente estaba llena de ego. Sin embargo, la segunda costura fue hecha con HUMILDAD y el corazón quebrado, transmitiendo una belleza esencial que provocaba admiración en cada uno que la veía.”1

Recuerda querido lector: el ego, la vanidad, el engreimiento, la pedantería no son para ti, porque rompen tu energía vital; por el contrario, trabajar y vivir con HUMILDAD, además de crear una armonía espectacular, alinea tus dones y poderes con el universo.

No olvides que los milagros existen, atráelos a tu vida con el poder que genera la HUMILDAD; los hombres triunfadores y grandes, los que hacen y han hecho historia, son humildes, saben que es la mejor manera de traslucir su luz espiritual y de recibir oportunidades y posibilidades que pasan desapercibidas para los demás.

Para Tomás Jefferson “La HUMILDAD es la primera letra del libro de la sabiduría” Y su fuerza ayuda a que tu vida funcione en excelencia, porque te lleva a estar bien contigo mismo, te enseña a construir puentes espirituales, te alinea con el cosmos, conectándote con la prosperidad y la abundancia de bienes y de dones, ocupándote en tu transformación, evolución y crecimiento espiritual.
“[…HUMILDAD], ese estado de plenitud y equilibrio que todo ser humano anhela como ideal de realización y bienestar y que combina una justa proporción entre lo que se es, lo que se tiene y a lo que se aspira”2

Para los viejos sabios de Güémez el designio de la vida no es el poder o la riqueza, sino a través de la HUMILDAD –que sus padres les inculcaron– ser feliz, amar, crecer y dejar a sus hijos raíces profundas y alas fuertes… ¡lo demás llega por añadidura!

A propósito de HUMILDAD, “Traslucido, el laborioso jornalero de Güémez, llega a su casa y le dice en voz alta a su ‘vieja’:
— Mi amor: ¡¡Te traje a regalar una lámpara de Aladino!!
Ella, con una mirada ‘pesada’ que seca un ajo y hasta un papayo macho, lo recorre con su vista de arriba abajo y le dice: — ¿Y pa’ qué chinga’os quiero una babosada de esas?… ¡‘endejo!
— Pa’ que seas HUMILDE… y ¡¡GUARDES ESE ‘INCHE GENIO QUE TIENES!!”

Ramón Durón Ruíz (+)