Internacional

¿Cómo se elige al Presidente en EUA?

Publicado el 24 de octubre de 2016

En Estados Unidos, el proceso para elegir al Presidente es más complicado que lo que conocemos en nuestro país.
A pesar de que sólo hay dos partidos grandes, los demócratas –considerados de centro o centroizquierda– y los republicanos –en general de derecha, pero ahora de extrema derecha–, sus procesos para elegir candidato son muy complejos. Para empezar, se puede registrar cualquier persona, incluso aunque no sea miembro del partido. Esa persona después hace campaña con dinero privado. Puede recaudar la cantidad que quiera y usarla como prefiera, siempre y cuando no sea ilegal. Por ejemplo, puede comprar propaganda en tele y radio y transmitirla a cualquier hora del día, y el anuncio puede estar lleno de insultos o ataques.

Este año, por ejemplo, los demócratas tuvieron 6 precandidatos y los republicanos, 17. Muchos de ellos se retiraron antes de lo que se conocen como las primaries, o elecciones locales dentro del partido. Cada estado y cada territorio –Estados Unidos son 50 estados más territorios, como las Islas Vírgenes o Guam– tiene su propia elección para decidir quién será el candidato del partido. En algunos es por votación y en otros por algo que se llama caucus, donde los miembros locales del partido se reúnen y discuten. Al final, el grupo que logre más apoyo dentro del caucus gana y se lleva los votos para su candidato. Estos debates pueden durar horas.
Cada estado vota en una fecha distinta. Algunos lo hacen desde enero y otros lo hacen a principios de verano.

Si esto parece confuso, la cosa se complica más después. Cada estado tiene un valor distinto, que depende de las reglas internas del partido. Entonces, por ejemplo, los representantes de California tienen más votos que los representantes de Oregon.
Al mismo tiempo, los demócratas tienen algo que se llama “súper delegado”, que es un miembro respetado del partido que puede emitir su voto como quiera, sin consultarlo con nadie. Los republicanos no.
Las precampañas terminan en la convención nacional, cuando un candidato pasa del límite de votos necesario para ser nominado por el partido y el partido lo elige oficialmente.

Una vez que sucede esto, empieza oficialmente la campaña electoral.
Los candidatos hacen campaña y debaten –en esta elección hubo tres–. El 8 de noviembre se lleva a cabo la elección.
Pero la elección de hecho empieza desde antes. Casi todos los estados permiten el voto por correo, así que miles de personan votan con meses de anticipación. Esto puede ser porque no van a estar en el lugar donde les toca votar cuando va a ser la elección, o porque no van a poder salir del trabajo: en Estados Unidos la elección presidencial siempre es en martes, lo que hace que muchas personas no puedan ir a votar. Y, ya por último, para terminar de confundir, resulta, que la elección no es directa.

No gana la persona que obtiene más votos, sino la persona que obtiene más votos del colegio electoral. El colegio electoral es un mapa con 538 votos que se asignan por estado. Cada estado tiene un número de votos que depende de la cantidad de diputados y senadores que tenga. Por ejemplo, California tiene 55 votos en el colegio y Montana tres. Entonces, en la práctica, los votos de un estado cuentan más que otro, y por eso a veces los candidatos ni campaña hacen en los estados que no les suman mucho.
Al final, el candidato que logre sacar más de 270 votos gana la elección y se vuelve presidente. Esto puede llevar a cosas raras, como la elección del 2000: Al Gore obtuvo más votos que George W. Bush, pero como Bush obtuvo más votos en el colegio electoral, ganó la elección a pesar de perder el voto popular.

Ésa es la elección de Estados Unidos. Un sistema complicadísimo en el que no siempre gana el que obtenga más votos. Este año la disputan un hombre que podría hacer un daño irreversible al mundo entero, y la primera candidata mujer en la historia de uno de los dos partidos más grandes de allá. En México tendremos que estar muy atentos: gran parte de nuestro futuro se juega en una elección en la que ni podemos votar.
Con información de Sopitas

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