Nacional

Despierten Dreamers

Publicado el 12 de septiembre de 2017
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Consejo: El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. A. Einstein.
Todos los mexicanos somos dreamers. Unos, los que fueron llevados a Estados Unidos de forma ilegal por sus padres y se encuentran amenazados por el gobierno de Estados Unidos ante la anulación del decreto DACA (Acción Diferida para Llegadas/os en la Niñez, siglas en inglés) que impedía su deportación. Otros tantos, porque al igual que nuestros jóvenes inmigrantes, han visto vulnerados sus derechos o han perdido la confianza en las instituciones y los políticos, ya sea por falta de resultados, el incumplimiento, la corrupción o la impunidad. Algunos más, porque se encuentran dormidos y prefieren seguir así por indiferencia o costumbre. Otros sueñan en conquistar o mantener el poder ante el elogio del adulador, los falsos seguidores en las redes sociales, el aplauso y las porras de una masa de beneficiarios de programas sociales obligada en asistir a eventos e informes, el amarre con grupos de poder en los obscurito, la competencia desleal y el poder del marketing. Por último, hay aquellos que mientras estudian o trabajan, sueñan en un mejor país o en mejorar sus condiciones de vida.
Es tiempo de que México se ponga de pie, es hora de que nuestros dreamers despierten y ante la injusticia se organicen y hagan algo. Necesitamos que se conviertan en hacedores de sueños y encuentren antídotos para combatir la plaga del síndrome de fatiga democrática que vivimos. Necesitamos que la clase política despierte ante el sonido y el quehacer de una sociedad que le obligue a encontrar nuevas formas de colaboración acompañadas de una narrativa positiva y compartida en beneficio de todos.

Nuestros inmigrantes indocumentados por decisión de sus progenitores no decidieron vivir en Estados Unidos, por lo tanto, no han violando ninguna ley. Se calcula que son alrededor de un millón 700 mil jóvenes los que están en esta condición, de los cuales el 78% son de México. 790 mil pagaron 500 dólares y luego de ser investigados consiguieron su registro al programa que decretó el presidente Barack Obama en el 2012 siendo alrededor de 625 mil mexicanos. El 31% llegó con cinco años o menos y un 38% con una edad entre los seis años y los diez años. Más del 70% ha estudiado en la universidad, un 72% cuentan con al menos diez años de residencia en ese país y la mayoría trabaja, incluso los inmigrantes y sus hijos han fundado más del 40% de las compañías de Fortune 500. Según un análisis de New American Economy, los jóvenes que reunían el requisito para participar en el programa DACA recibían casi 20 mil millones anuales en ingresos, pagaban más de tres mil millones en impuestos municipales, estatales y federales y aportaban casi dos mil millones a la Seguridad Social y 470 millones de dólares al Medicare.

Otro estudio revela que promulgar una ley para mantener los jóvenes inmigrantes en lugar de enviarlos al extranjero inyectaría más de 300 mil millones a la economía estadounidense en los próximos diez años. A pesar de ello, Donald Trump al conceder una prórroga de seis meses al programa DACA para que el Congreso busque una salida, evidenció que prefirió verlos como una amenaza en lugar de una ventaja competitiva global o bien, como moneda de cambio por fondos para construir el muro con México. Tampoco descartemos que ésta sea una estrategia para diluir su responsabilidad ante las promesas de su campaña y al final mostrar que si tiene corazón o que pesa más el xenófobo fiel a sus creencias. Independiente de que lamentablemente pareciera que no se equivocaron aquellos jóvenes que no se registraron en el DACA por desconfianza en el gobierno de Estados Unidos, existe una ventana de oportunidad para nuestros dreamers a pesar de la incertidumbre que vivirán los próximos seis meses. Es el Congreso la institución que tiene las facultades principales en materia migratoria y la cancelación de DACA representa una excelente oportunidad para que legislen y llenen el vacío legal que existe. Además en noviembre del siguiente año, la totalidad de la Cámara de Representantes y una tercera parte de la de senadores buscará su reelección. Aquí es donde deben estar despiertos para organizarse, analizando jurídicamente el tema, demandando y defendiéndose en los tribunales; dando a conocer su aportación y valía con manifestaciones y campañas mediáticas creativas y virales; consiguiendo aliados que muestren solidaridad; y sobre todo, cabildeando de manera inteligente con el Congreso.

Israel Reyes, el matemático y candidato al premio de Ciencia y Tecnología que cruzó de ilegal a los Estados Unidos y que hoy en día es un connotado empresario dueño de una multinacional, en una entrevista reciente, hizo un llamado para que se hiciera un frente común entre el gobierno, el sector productivo, las universidades y las ONG´s en defensa de los dreamers. Ojalá el gobierno de México no sólo encabezara un esfuerzo diplomático y más bien, tuviera la voluntad y la capacidad de organizar un esfuerzo colectivo en torno a esta noble causa. Este tipo de acciones representan los mejores antídotos contra la desconfianza en las instituciones.


Cambiando de tema, volvamos a los soñadores que mientras piensan en el 2018 no se dan cuenta que México sangra, se hunde y tiembla. Sueñan en alianzas, fiscalías y presupuestos a modo en función egoísta del futuro y no de su responsabilidad y la necesidad urgente. Hablan de frentes contra un partido o un personaje y no de uno por México. Deambulan sonámbulos llegando a hacer el ridículo bailando al ritmo de “I will survive” o se muestran hipócritamente con el campesino y el maestro en distintos destinos del país, llamándoles por su nombre con objeto de mostrarse cercanos. Invitan mediante crónicas edulcoradas a paseos en sus universos imaginarios donde abundan las palabras, en específico los adjetivos.

Muchos políticos de todos los niveles necesitan un balde de agua fría de rendición de cuentas. Ojalá despierten o los despertemos para que, por ejemplo, los informes de gobierno sean ejercicios republicanos de intercambio de puntos de vista ante los congresos. Si bien en el país ha habido avances en rubros como la educación, la vivienda, el turismo y el crecimiento promedio anual y la generación de empleos fue mejor de lo que esperaban, el compromiso con la paz se desvanece ante la continuidad de una estrategia que privilegia el abatimiento de objetivos prioritarios como ofrenda para las agencias norteamericanas de inteligencia. No hay congruencia que genere confianza en la lucha contra la corrupción, que, por un lado pareciera evidenciarse con la implementación de su Sistema Nacional, pero que pierde credibilidad cuando en los hechos pareciera que no hay interés real en que funcione responsable y autónomamente. Ayotzinapa, la Casa Blanca, Odebrecht y el megafraude son cosas del pasado o de revistas de izquierda. Temas más profundos como el intentar resolver la paradoja que representa que en esta época de abundancia, millones sufran de escases, son temas académicos de lugares muy, muy lejanos. Y si bien, lo bueno cuenta, también lo malo, se requiere la autocritica que propicie la reflexión que permita mejorar y también generar la confianza necesaria para construir ciudadanía.

Como sociedad necesitamos despertar y contar con más cultura cívica. Contribuimos poco en el fortalecimiento de nuestra Estado Nación pensando que lo nuestro es sobrevivir o vivir de la mejor manera, sin pagar impuestos o haciéndolo de una manera siempre ventajosa. Soñamos que la política es cosa sólo de los que se dicen políticos o viven de ésta, quienes a su vez sueñan que se les quiere, que las encuestas se equivocan y que podrán vivir siempre del erario. Vivimos de sueños y pocas realidades.

Necesitamos levantarnos para escuchar a quien tenga el valor y la capacidad de gritar una buena idea, o para sumarse al murmullo de quienes tienen la capacidad de organizarse en torno a una buena causa. Requerimos de más Kumamotos pero también de más González, Pérez y Martínez. El despertador está sonando, es hora de levantarse, de poner manos a la obra y sólo dejar soñar a nuestros jóvenes en aquellas ideas que cambien nuestro destino. Ya vamos tarde.

Placeres culposos:
El nuevo libro de Ken Follet, “Una Columna de Fuego” y el regreso de Paul Auster luego de siete años con su novela “4321” (por fin en español). También la clase magistral sobre el oficio del escritor de Vargas Llosa en “Conversación en Princeton” con Rubén Gallo.
U2 y su nueva canción You´re The Best Thing About Me, Tori Amos y su nuevo disco Native Invader. Además este mes llegan las nuevas producciones de Foo Fighters, The Killers y Ringo Starr, ya les contaré.

Ver los partidos de futbol americano de la NFL que ya inician, Go Packers (con botana incluida). También en unos días más la pelea de Canelo contra Golovkin (con botana incluida).

José David Vallejo Manzur

Es Summa Cum Laude por la Universidad de Monterrey donde se licenció en Ciencia Política y Administración Pública. Cuenta con una maestría en Administración Pública por el INAP-Instituto Ortega y Gasset y una más en Política y Gobierno por el Colegio de Tamaulipas. Concluyó el doctorado en Ciencias Sociales por el Colegio de Tamaulipas y actualmente trabaja en su tesis doctoral. También cursa la maestría en Comunicación Política y Gobernanza por la George Washington University. Además ha participado en distintos cursos y seminarios de manejo de crisis, imagen pública, periodismo y desarrollo y administración de Sistemas de Inteligencia Estratégica. También se ha desempeñado como catedrático y expositor en distintos centros universitarios y en la administración pública estatal como Director de Análisis de la Coordinación de Asesores del Ejecutivo Estatal; Asesor del Ejecutivo Estatal; Director General de Comunicación Social en la Coordinación de Comunicación Social del Ejecutivo Estatal y de la Universidad Autónoma de Tamaulipas donde se desempeñó como Secretario de Vinculación.