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El reto, a los 88 años

Publicado el 07 de marzo de 2017

El pasado sábado cuatro de marzo, el Partido Revolucionario Institucional cumplió 88 años; es un organismo político nacido en 1929 con el propósito de aglutinar a todos los grupos y caudillos de aquella época, quienes en ese momento se encontraban peleando unos contra otros y a partir de ahí se empezó a generar un ambiente más pacífico con elecciones y condiciones de estabilidad social.

El PRI a lo largo de todos estos años ha cambiado de nombre tres veces, empezando como Partido Nacional Revolucionario para luego cambiar al Partido de la Revolución Mexicana y finalmente lo que hoy conocemos como Partido Revolucionario Institucional.

Y estas casi nueve décadas ha tenido la capacidad, como su nombre lo dice, de revolucionarse, de integrar hombres con las ganas de servir y de progresar, un partido que también le ha dado instituciones sólidas al país y que ha aportado mucho a lo que hoy es México.

Hablamos de un partido que cuenta con mucha historia y del que difícilmente se podría entender el desarrollo de nuestro país, desde el Siglo XX hasta la fecha.

Si bien hemos visto las aportaciones que ha hecho en la vida política de nuestro país, también hay una parte que hoy en día no es agradable y que afecta a todos los que integran al partido a lo largo y ancho del territorio nacional, esa parte que pone barreras para salir adelante.

Nos referimos a la parte negativa que, lamentablemente, ha manchado y denigrado al PRI, con hombres que han pecado de corrupción, la gente ambiciosa por el poder y por hacer cada día más dinero o simplemente enriquecerse en unos cuantos años como para no volver a trabajar.

El PRI fue un partido que gobernó desde su creación todo el Siglo XX, cediendo el poder a finales del mismo pues fue perdiendo fuerza a partir de los hechos de 1994 y que se vio reflejado en las elecciones del 2000, y a partir de la derrota en aquellos tiempos, entendió la situación que pasaba y se puso a trabajar para salir adelante.

Fue a partir de ahí que impulsó a gente joven a cargos de elección popular logrando tener a muchos gobernadores. Del 2006 al 2012 reflejaba que estaba en su mejor momento, empezó a integrarse en gran medida por “la nueva generación”, esa que “buscaba un cambio” y que dio frutos.

Así, en el 2012, con Enrique Peña Nieto regresó a la Presidencia de la Republica, ganando con 19 millones 226 mil 784 votos, con el 38.21 por ciento de la votación, sacando más de tres millones de sufragio de diferencia a su rival más cercano.

Y esto fue posible con esa escuela de gobernadores jóvenes que habían ganado con un gran margen y que durante su gestión estatal, en la mayoría de los casos, ganaron todas las elecciones a su alcance, en muchos procesos barriendo a sus contrincantes.

Ya una vez recuperada la Presidencia de la República, los priistas tuvieron la habilidad de integrar el Pacto por México, que dio origen a las reformas que hoy conocemos.

Sin embargo, gran parte de esa “nueva generación” no tuvo la madurez suficiente ni la honestidad que se necesitaba para no caer en la ambición del poder y del dinero, no supieron aprovechar la nueva oportunidad que se le dio al partido para a partir de ahí generar una nueva imagen de cómo gobernar.

Sí, era la oportunidad de gobernar renunciando a los privilegios; nos referimos en su mayoría a personajes que han preferido (de nuevo) enriquecerse, en vez de sacrificarse por el bien de la nación,

Esa gente, a la que no le ha importado ni el partido ni el país, es la que más daño le ha hecho al partido y a la nación, y por culpa de esos personajes hoy en día decir que eres priista es complicado.

Hoy el PRI cuenta con un presidente de partido débil, que no sabe y no entiende lo que el partido necesita, con falta de experiencia política, que no proyecta nada con la gente joven del partido y menos con los de más experiencia.

Es un presidente que no se ha dado el tiempo de atender a los estados que fueron afectados en la última elección para poder corregir el rumbo y trabajar de cara al 2018 y, lo peor, con un discurso triunfalista, cuando la realidad es otra.

Dicen que cuando uno está enfermo y tiene un mal como la diabetes, primero tiene que reconocer que tiene esa enfermedad para poder tratarse, de lo contrario es una muerte silenciosa que ni avisa y que te va afectando todo el cuerpo.

Bueno, lo mismo pasa con este personaje del partido que no reconoce la enfermedad y que si no reacciona a tiempo terminará por acabar con el Revolucionario Institucional.

El partido no pasa por buenos momentos, sí, pero también es cierto que siempre ha sabido recomponer el rumbo y que cuando hay un plan trazado, con gente con experiencia, buena y honesta, que tengan el interés de darlo todo, el PRI saldrá adelante.

Hoy habrá que arroparse de esos políticos que tanta falta le hacen al país para que pueda salir adelante.

El tiempo marcará la pauta.

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Pepe Cárdenas Castillejos