Ser y Deber Ser

Secretaría de la Felicidad

Publicado el 07 de noviembre de 2013
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“He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola.”
Jorge Luis Borges

Imagínense que en nuestro país existiera una Secretaría de la Felicidad o que existiera la felicidad como derecho fundamental consagrado en la Constitución Política Mexicana, suena algo soñador o utópico, porque primeramente definir la felicidad es dificilísimo, es relativa para cada persona.

Para Aristóteles, la felicidad es el objetivo primordial de todo ser humano, el bien de bienes, el bien supremo. La determinó como la realización de esos actos que le son individuales y específicos a cada persona, de acuerdo con su naturaleza, y si la felicidad es propia de la naturaleza de cada uno, ésta se encontraría en uno mismo.

Me puse a pensar en ello, pues Nicolás Maduro, el actual Presidente de Venezuela (sí, el que habla con el espíritu de Hugo Chávez) instituyó como asunto de Estado este tema, la felicidad, pues en días anteriores anunció la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo. Esta situación, produjo la burla de sus opositores, más el mandatario se defendía al decir que este organismo coordinaría diferente programas del área social para satisfacer necesidades de la población, y con ello, su gente estará feliz.

A pesar de que suena algo gracioso, no es un tema nuevo. La Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, escrito legal base para la actual Constitución Norteamericana, defendía el término al señalar: “Sostenemos por si mismas como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

En Francia, en la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, producto de la Revolución Francesa, también se instituyó la felicidad como un derecho de los gobernados, la Constitución de Cádiz de 1812 en España, señalaba en su artículo 13 que el objeto del Gobierno era la felicidad de la Nación.

Actualmente países como Japón, Corea y Bután, regulan el derecho a la felicidad. Y el caso de Brasil, que después de ser aprobada la iniciativa por el Congreso, establecieron como derechos esenciales para la búsqueda de la felicidad la educación, la salud, la alimentación, el trabajo, el placer, la seguridad, la previsión social, la protección de la maternidad y la infancia, y la asistencia de los desamparados.

Por lo visto no es tu tema tan irreal como se aparenta, pues algunos países ya lo consagran constitucionalmente como derecho de las personas, más dichas naciones establecen la felicidad como un sinónimo de bienestar social, de satisfacción de las necesidades básicas y elementales de las personas.

No es un tema sencillo, el proteger el derecho a la felicidad conlleva una obligación, y con ello, la facultad del ciudadano de exigir, es decir, si en México fuera un derecho fundamental usted al sentirse infeliz podría demandar al Gobierno por serlo y exigirle que lo ayude a ser feliz, que lo haga feliz.
Cada quien define la felicidad de diferente manera, por ello, regularla como derecho es algo poético, al menos que también se explicara lo que la felicidad es para el Estado, como se ha hecho en otras partes. Usted busque lo que lo haga feliz, sea lo que sea siempre ligado a la virtud, al bien, ¿o necesita también que el Gobierno lo haga feliz?

RECOMENDACIÓN SEMANAL: “…No dejes de creer que las palabras y las poesías si pueden cambiar el mundo. Para lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión…” del poema No te detengas del norteamericano Walt Withman. También, la película “Las ventajas de ser un marginado” (The Perks of Being a Wallflower).

Arnoldo Huerta

Abogado, gusta de la política sana, la literatura y el buen derecho. Columnista en el periódico "El Expreso", "Epicentro de México", "Periódico Acceso" y "Revista Sondeo". Enamorado de Cd. Victoria y de su gente.