Opinión Del Experto Nacional

UNA HISTORIA DE POR ALLÁ

Publicado el 11 de marzo de 2019

 

Una historia de por allá

Opinión Del Experto Nacional por Ricardo Alexander M.

Hace algunos años –no tantos, pero no muy pocos– en un municipio alejado de la urbe pero con gran potencial, ocurrieron curiosos hechos que vale la pena relatar. En este lugar, no obstante, las cosas no iban tan mal, pues se había logrado, en poco tiempo, instalar una gran red de agua potable, el turismo iba al alza, principalmente por su famosa “Feria de la Barbacoa”, y la escuela ahora contaba con varios maestros. Su gente quería un cambio y en las elecciones municipales votaron por un proyecto diferente, representado por don Samuel.

Desde antes de tomar posesión, don Samuel escuchó que había algunas personas que, no obstante, estaban conectadas a la nueva red hidráulica, no pagaban el agua que llegaba a sus casas, por lo que en su primer día como alcalde ordenó que se cerrara el sistema que había sido instalado después de mucho esfuerzo y con inversión estatal. “A partir de este momento –dijo– toda el agua se distribuirá con pipas, pero se les dará a todos –paguen o no paguen por ella– para que no haya necesidad de robarla”. Tan hábil fue en transmitir el mensaje, que incluso con todas las incomodidades y carencias que significaba la medida, la gente expresó su total apoyo.

Después de unos días, y con el empoderamiento que le significaron sus primeras acciones, don Samuel miró por el balcón de su oficina pensando en todo lo que iba a lograr en este nuevo cargo. Abstracto en sus pensamientos, lo distrajeron los martillazos de la construcción del mirador que se estaba haciendo en la colina del cerro por donde se entra al pueblo y recordó que, aún en campaña, su compadre le había dicho que los ladrillos de esta obra municipal los estaba proporcionando el primo de su antecesor, por lo que ordenó inmediatamente que se cancelara la construcción, sin importar su adelantado avance y la inversión ya realizada. “No necesitamos un mirador ahí
–adujo– y podemos destinar ese dinero a algo mejor, además de que esa obra está plagada de corrupción”.

En ese momento, don Samuel recordó una conversación que había tenido con su cuñado hace algunos meses, durante los días de la feria, sobre la necesidad de contar con un buen estacionamiento en el zócalo para “no tener que batallar tanto”, así que lo mandó llamar y le encargó ese importante proyecto, ya que él, al ser el de la idea, “era el mayor experto y no podía confiar en nadie más, por eso de la corrupción”. Después de un par de meses, empezó la construcción del moderno estacionamiento, de dos pisos y entrada automatizada, que estaría listo para estrenarse en la “Feria de la Barbacoa”.

Un día, mientas don Samuel pensaba que nunca había ido mejor el pueblo, entró su asistente y le pasó los gastos para la organización de la mencionada feria, una suma importante que impactaría en la construcción del estacionamiento y en la compra de las cuatro pipas que adquiría para distribuir agua potable, por lo que decidió cancelarla sin más –ninguno de sus subalternos se atrevió a decirle que probablemente eso era un error–, asumiendo los costos que tendría que reembolsar y pagar a los patrocinadores y participantes que ya habían invertido dinero.

Los años pasaron y don Samuel continuó en la misma línea. Estaba convencido que lo que se había hecho en la administración anterior no servía y había que dar un giro, al fin y al cabo eso era lo que la gente quería. Se terminó el estacionamiento –aunque no automatizado y de un solo piso–, pero casi nunca funcionaba porque el turismo escaseaba, y salía más caro tenerlo abierto que cerrado. De las pipas, sólo una funcionaba pues no habían “salido buenas”, porque se adquirieron de segunda mano. Y lo peor de todo era que la escuela había tenido que cerrar por falta de fondos del municipio, y ahora los niños tenían que ir a estudiar a otras comunidades. Un pueblo con futuro prometedor había perdido su norte.

Lo más curioso de la historia –que ya ni me acuerdo a qué venía a cuento– es que después de que terminó el periodo de alcalde de don Samuel, en las elecciones ganó doña Lupe, prima hermana del presidente municipal y adherente del mismo partido, “al fin y al cabo –decía la gente– no podemos estar peor”. Se equivocaban.

Ricardo Alexander

Maestro en administración pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana. Colaborador en Excelsior. Twitter: @ralexandermp