Opinión Del Experto Nacional

EL ÉXITO DE MADURO

Publicado el 23 de febrero de 2020

El éxito de Maduro

Por Ricardo Alexander M.

Es sorprendente la estabilidad que Nicolás Maduro ha podido mantener en Venezuela después de más de veinte años de régimen chavista. Las protestas han disminuido, el golpe de Estado de abril pasado fue reprimido y el gobierno ha podido controlar a una oposición que pierde fuerza. No por nada existen voces en México que reconocen el trabajo que se ha hecho en ese país latinoamericano, como la de Yeidckol Polevnsky.

Hace algunos días tuve la oportunidad de sentarme a platicar con un diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela que vive en el exilio —después de esconderse por meses y tener que huir a través de Colombia—, a fin de tratar de entender cómo ha podido subsistir el régimen venezolano a pesar de todo lo que ha generado a su población.

Si bien es más o menos conocida la situación por la que pasa ese país, donde el crimen y la violación a los derechos humanos es cosa de todos los días, no existe libertad de expresión y millones mueren de hambre, contra todo pronóstico —y lógica—, Maduro ha sido muy exitoso en mantenerse en el poder y ha logrado rechazar —por ahora— las embestidas a su gobierno.

Después de que la oposición ganara las elecciones generales de 2015 —pensando que era un nuevo comienzo— y adquiriera el control de la Asamblea Nacional, el régimen tomó una posición más radical. Empezó a intervenir, abiertamente, los procesos electorales, aprehender a líderes antagonistas y modificar las leyes a su antojo mediante un Poder Legislativo —alterno— a modo.

Las protestas del año pasado, que culminaron con el fallido golpe de Estado del 30 de abril, cuya cara más visible fue Juan Guaidó, apoyado por Estados Unidos, terminaron en desastre. Los “rebeldes”, tanto civiles como militares, fueron condenados y perseguidos, muchos tuvieron que huir del país con sus familias. Maduro se logró mantener.

Impresiona y conmueve el éxito de la dictadura para desarticular a la oposición y liberar la presión cada vez que se genera. Es el perfecto ejemplo de cómo se puede echar a perder un país en una década, a la vista de todos.

Hoy en día, Nicolás Maduro, que no es reconocido por la mitad del mundo como mandatario venezolano, parece —así lo pretende proyectar— más afianzado al poder que nunca. Ostenta el apoyo del ejército y del Tribunal Supremo de Justicia. Igual de los antiguos organismos autónomos. Y no obstante la economía del país sudamericano está hecha añicos, no hay quien logre moverlo.

Lo que más asombra de la historia es que, hace un par de décadas, Venezuela no pensaba que iba a ser Venezuela. Era una nación en vías de desarrollo democrático, ejemplo latinoamericano. Hoy es un estado sumido en la miseria, represor, con hiperinflación y que no ve luz al final del túnel. Es un recordatorio de la debilidad institucional a la que todos los países están sujetos.

Resulta preocupante que un gobierno democrático, como se jacta de serlo el de México, apoye abiertamente el éxito y la continuación de una dictadura, aunque eso signifique que millones de personas vivan en pobreza y opresión. Da mucho de qué pensar y genera preguntas que el presidente López Obrador decida, bajo el pretexto de no intervención, pronunciarse por la continuación de un régimen que, a todas luces, atenta contra todos los principios que tanto dice defender.

 

*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Panamericana.
Twitter: @ralexandermp

Ricardo Alexander

Maestro en administración pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana. Colaborador en Excelsior. Twitter: @ralexandermp