Opinión Del Experto Nacional

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Publicado el 27 de enero de 2020

 

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Por Ricardo Alexander M.

No obstante el presidente Andrés Manuel López Obrador diga que tiene “otros datos”, los números en materia de economía y seguridad son contundentes. Estamos enfrentando un crecimiento cero de nuestro Producto Interno Bruto y nunca la violencia se había desatado como en el último año. Sin embargo, existen varios sectores que también están en riesgo, como es el de la salud pública de nuestro país.

Desde que comenzó el sexenio, llegó al gobierno federal una serie de funcionarios que, sin experiencia y con base en diagnósticos precipitados, han tomado decisiones que, si bien en el fondo parecen sensatas, en su implementación amenazan la continua y correcta prestación de los servicios que brindan la red de clínicas y hospitales a cargo del Estado.

Una de ellas fue la de ir en contra del funcionamiento del mercado, al obligar separar la producción y la distribución de medicamentos, instruyéndose al IMSS para que se encargara de repartirlos en los diferentes estados del país.

Aunque al final esto no es mala idea, no existe capacidad institucional para llevarla a cabo y se pone en riesgo la calidad de las medicinas —incluyendo la cadena en frío, en algunos casos—. Como consecuencia, y después de ver la imposibilidad de la idea, se optó por hacer una contratación dividiendo las dos funciones, lo que en la práctica ha resultado en costos dobles y un desastre logístico —evidencias hay muchas, como hace un par de días en la Clínica 25 del IMSS, en Monterrey, donde faltaban medicamentos para niños con cáncer—.

En adición a lo anterior, es clara la falta de una correcta planeación en la compra de medicinas. Por un lado, se han llevado a cabo procesos que incumplen con la legislación —y tratados internacionales— en materia de contrataciones públicas y se han privilegiado las adquisiciones directas, y por el otro, los procedimientos están sumamente retrasados.

Por ejemplo, en años anteriores, la compra consolidada de medicamentos y material de curación —que se coordinaba y llevaba a cabo en el IMSS— comenzaba en agosto, para que se pudieran hacer las entregas al comienzo del año siguiente. Al día de hoy, apenas se está empezando con la investigación de mercado para determinar las estrategias que se van a seguir en las adquisiciones para abastecer a las instituciones de salud durante 2020.

Parece que ahora nuestras autoridades van a tratar de salvar el tema con adjudicaciones directas y con licitaciones con tiempos recortados, mecanismos que —según la ley— únicamente deben ser usados por excepción y en situaciones extraordinarias, siendo que la mala planeación no se coloca en esos supuestos.

Todas estas decisiones ya están pegándole a la población. El abasto de medicinas ha caído a los peores niveles en varios años, y las decisiones que están tomando los funcionarios públicos hacen presuponer que el problema se va a agravar.

Como en otras materias, resulta poco útil el pedirle a nuestras autoridades que no pongan en riesgo nuestra salud, pues, seguramente, prestarán oídos sordos y pensarán que son los “conservadores” protegiendo sus intereses quienes hacen las críticas. Pero, al final, la realidad se va a imponer y es muy posible que en los próximos meses veamos los efectos de lo que hoy se está sembrando.

Ricardo Alexander

Maestro en administración pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana. Colaborador en Excelsior. Twitter: @ralexandermp