Cada 19 de septiembre, México lleva a cabo un simulacro de emergencia para recordar las lecciones aprendidas tras el devastador terremoto de 1985 y el sismo de 2017. Este sábado, durante el Segundo Simulacro Nacional 2026, es un buen momento para reflexionar sobre la larga relación del país con los temblores, que se remonta a más de cinco siglos, con incluso manuscritos prehispánicos que documentan estos fenómenos.
El Códice Telleriano-Remensis es una de las primeras evidencias gráficas de los sismos en México. También, en los Anales de Tlatelolco, se narra la intensidad de estos eventos y cómo los aztecas los experimentaban.
Primeros registros de sismos en México
Los primeros registros de temblores en México datan del siglo XV. Según los Anales de Tlatelolco, los terremotos generaban gran temor entre los aztecas. El primer evento documentado ocurrió en 1455, cuando un sismo en Tenochtitlán fue tan devastador que se agrietó la tierra y se colapsaron edificios.
Otro registro importante se encuentra en el Códice Aubin, donde se menciona un terremoto en 1475, durante el reinado del emperador Axayácatl, que arrasó con casas y templos, y provocó deslaves.
Rituales aztecas ante los sismos
El fraile Bernardino de Sahagún, destacado investigador de la cultura mexica, documentó las reacciones de los aztecas ante los temblores. En sus relatos se menciona que, al sentir un sismo, rociaban con agua sus alhajas y gritaban para alertar a los demás.
“Cuando tiembla la tierra, (los aztecas) rociaban con agua todas sus alhajas, tomando el agua en la boca y soplándola sobre ellas”, detalla Sahagún.
Además, levantaban a sus niños en un ritual que creían necesario para su crecimiento, ya que pensaban que, de no hacerlo, el temblor se llevaría a los pequeños.
Significado de los sismos en la cosmovisión azteca
El Códice Telleriano-Remensis es un manuscrito prehispánico de aproximadamente 500 años que combina pictogramas y anotaciones de los tlacuilos. Su nombre proviene del arzobispo Charles-Maurice Le Tellier, quien lo tuvo en el siglo XVII.
Este códice es único porque sus pictogramas representan terremotos con los signos ollin (movimiento) y tlalli (tierra), formando la palabra tlalollin, que designa estos fenómenos naturales. Según el investigador Gerardo Suárez de la UNAM, los registros prehispánicos de sismos no son casuales.
“Los terremotos son frecuentes en este país y tenían un profundo significado en la visión cosmológica de los habitantes originales”, comentó Suárez.
Aunque los pictogramas ofrecen poca información sobre la magnitud y daños, los anales escritos tras la conquista han permitido complementar esos datos.
Entre los 12 sismos documentados en el Códice Telleriano-Remensis, uno de los más destacados ocurrió en 1496, descrito por el fraile Juan de Torquemada como un evento que sacudió tres montañas en la provincia de Xochitepec, sugiriendo una magnitud de al menos 8.0.
Para los aztecas, los terremotos eran mucho más que fenómenos naturales; eran mensajes del universo. Su cosmovisión comprendía el movimiento de la tierra como un ciclo cósmico relacionado con la creación y destrucción del mundo.
Fuente: El Financiero







































